lunes 4 DE julio DE 2022

Guzmán y el Fondo trabajan en definir una nueva «tablita» para el dólar oficial

Entre las muchas cosas que aún no se han hecho públicas del nuevo acuerdo con el Fondo Monetario están la política monetaria y la política cambiaria. Y en esto, la combinación de tasas de interés y de tasa de depreciación es el ingrediente principal.

Precisamente sobre la primera, Miguel Pesce dejó trascender la semana pasada que el próximo ajuste de tasas lo resolverá en función del dato que el Indec dé a conocer este martes. De allí que el mercado tenga los ojos puestos en el dato que saldrá a las 16 horas y que será clave en la reunión del Directorio del Banco Central del jueves próximo.

Por ahora, en el mercado apuestan a una suba del 40% nominal anual actual hasta al menos el 42% (equivalente a un 48,3%) para que, por un lado los bancos trasladen la suba de tasas a los depositantes y quiten presión cambiaria en el mercado paralelo, pero a la vez conserven el incentivo a pasarse de Leliqs a Letras del Tesoro que rinden un 52% anual. Al fin y al cabo, el Banco Central solo va a poder emitir 1% del PBI para asistir al Tesoro y Guzmán deberá buscar financiamiento neto por al menos 13,4% del PBI en el mercado de capitales en 2022.

Y sobre la segunda, el nuevo ritmo de depreciación está en discusión en estos momentos bajo 7 llaves con el staff del FMI. Este nuevo «crawling peg» por su nombre en inglés o «tablita cambiaria» ya tuvo un adelanto la semana pasada, cuando el Banco Central acomodó el ritmo de suba del dólar en torno al 42% anual. A diferencia del que aplicó Pesce en 2021, este va a buscar seguir acompañar a los precios para que el país no pierda exportaciones por menor competitividad cambiaria.

Según pudo saber este medio, la idea de esta «tablita» es establecer un sendero para el dólar oficial que lo acerque al dólar paralelo, con la expectativa, también, de que el dólar paralelo ceda más de lo que lo hizo en las últimas ruedas con la ayuda del acuerdo con el FMI. El objetivo es reducir la brecha cambiaria -que está al borde de perforar el 100%- sin una devaluación que acelere la inflación, pero sin profundizar el atraso cambiario, en particular frente al real de Brasil.

Una de las objeciones a soltar demasiado el dólar oficial es que fogonea la inflación en un contexto complejo porque cualquier corrección tarifaria va a sumar varios puntos al Índice de Precios al Consumidor en una economía en la que casi 30 puntos de atraso del dólar (22,1% subió el mayorista) respecto del IPC (50,9%) en 2021 no sirvieron como ancla antiinflacionaria. Lo que es seguro es que el FMI no va a volver a convalidar semejante diferencia y el dólar deberá seguir en alguna medida la evolución de los precios, al menos la de los precios no regulados.

El otro, pasa porque la suba de tasas va a enfriar la economía y la experiencia reciente con Sturzengger corroboró la baja incidencia en la suba de tasas para frenar los precios.

En este sentido, una parte del oficialismo entiende que el esquema del FMI es el de una «bicicleta financiera» con tasas en pesos ganándole sistemática a la «tablita», una réplica en miniatura de la receta de Martínez de Hoz instaurada en diciembre de 1978.

Sin embargo en el mercado, a causa del cepo, no ven una entrada de capitales con apreciación cambiaria ni nada que se le parezca al clima de fines de los 70: «La primera diferencia es el contexto, no es comparable. En aquel entonces toda la economía estaba calzada a 7 días, desde las colocaciones del Banco Central hasta los préstamos y depósitos en el banco se acordaban a 7 días y actualmente la economía no tiene esa frecuencia de capitalización», dijo a LPO el analista de mercados Francisco Uriburu.

«Además, aquello era percibido como un esquema para durar y cualquier política cambiaria que se defina ahora es leída como un puente hasta las elecciones del año próximo en las que puede haber un cambio de gobierno o un cambio de política cambiaria. Y aunque por la bolsa se pueden entrar y volver a sacar dólares, no hay confianza como para que esto genere un ‘carry trade’ de grandes proporciones incluso si con el acuerdo con el FMI el Gobierno aspira a recuperar la confianza de los mercados que hoy no tiene. Lo cierto es que sin confianza, no hay garantías de que acelerando el dólar oficial no se aceleren también los paralelos. Lo único que garantiza que se achique la brecha es que entren más dólares», aclaró. 

FUENTE: La Politica OnLine

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