domingo 28 DE noviembre DE 2021
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Menos egos y más coalición, la lección para Juntos por el Cambio

La esencia de la política es mirar antes que los demás qué hay del otro lado del río. Y eso es lo que comenzaron a hacer los presidenciables de Juntos por el Cambio apenas se enteraron en las PASO que la victoria les volvía a sonreír. Nadie esperó a la elección de este domingo de noviembre. El triunfo, menos contundente de lo que esperaban en la provincia de Buenos Aires, solo les confirmó que uno de ellos podría estar en la Casa Rosada dentro de dos años. Y todos quieren tener esa bendición.

El 27 de septiembre, dos semanas después de la tormenta electoral en las PASO, Horacio Rodríguez Larreta compartió un gin tonic en un hotel de Nueva York con María Isabel Ayuso, la jefa y estrella política de Madrid. Era el primer viaje de presentación en EE.UU. del Jefe de Gobierno porteño y los dos dirigentes se reunieron durante una hora por una gestión de Fernando Straface, el encargado de las relaciones internacionales del larretismo que debutó como jefe de campaña en la Ciudad.

Rodríguez Larreta estará en Madrid antes de fin de mes, en plan de fortalecer sus vínculos con el poder político y empresario español. Claro que, en las últimas semanas, aprovechó la campaña para visitar a los candidatos de Juntos por el Cambio en Córdoba, en Entre Ríos, en La Pampa, en el Chaco y hasta en Formosa. Su idea es ablandar la imagen de “demasiado porteño” para terminar de construir el perfil de dirigente nacional con vistas al 2023.

El triunfo de Diego Santilli en el territorio bonaerense hubiera sido un batacazo sin el antecedente de las PASO. El bajón de una diferencia de más de cuatro puntos en septiembre a una de menos de dos este domingo deslució un poco el éxito del enroque entre el candidato inventado en la provincia por Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, que volvió a la Ciudad y triunfó para lograr que ingresaran al Congreso siete de sus candidatos a diputados nacionales.

Hay que decir que Rodríguez Larreta no es el único opositor que se movió. Patricia Bullrich aprovechó su cargo de presidenta del PRO para recorrer buena parte de la Argentina. Le fue muy bien en las provincias del Litoral, donde Juntos por el Cambio ratificó la superioridad de las PASO, pero también cosechó dividendos en la Patagonia (sobre todo en Chubut y Santa Cruz), donde su discurso duro contra la violencia mapuche enciende adhesiones, y terminó en el norte compartiendo actos y elogios cruzados con Gerardo Morales, el radical que gobierna Jujuy y matiza sus excelentes vínculos con el Gobierno y la posición inflexible con la activista kirchnerista Milagro Sala. Más de uno se sorprendió con ese ensayo de fórmula anticipada.

“Veo a Gerardo como uno de los presidenciables de Juntos por el Cambio”, provocó Bullrich durante un acto de campaña en Jujuy. “Patricia es la mejor ministra que tuvo nuestro gobierno”, le devolvió Morales. Los dos son muy cautos respecto del futuro y el tiempo dirá si terminan compartiendo una fórmula en las primarias presidenciales y en qué orden. Entre ellos dos se mueve el ahora electo diputado Gerardo Milman, de origen radical y uno de los dirigentes de mayor confianza de la presidenta del PRO.

El flirteo político de Morales y Bullrich no es una casualidad. Preanuncia una tendencia que gana terreno en Juntos por el Cambio. La coalición opositora se encamina a ser mucho más coalición en 2023. Diferente de aquel proyecto que Mauricio Macri lideró en 2015, y en el que la fórmula presidencial de la UCR encabezada por Ernesto Sanz y la de la Coalición Cívica encabezada por Elisa Carrió, fueron instrumentos transitorios para legitimar el experimento macrista. Terminó pariendo un gobierno que no pudo construir poder político suficiente para resistir la crisis económica y financiera que estalló a comienzos de 2018.

Con varios dirigentes que albergan sueños presidenciales, todo indica que Juntos por el Cambio alumbrará una fórmula para competir por la Casa Rosada mediante una elección interna mucho más disputada que aquella de 2015. Están Rodríguez Larreta, Morales, Bullrich y también cuentan en esa carrera el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo; el senador Martín Lousteau y hasta el ahora diputado Facundo Manes, que se auto reivindica como el único radical votado por más de un millón de personas en la interna contra Santilli.

A pesar de que cultiva en el Senado un perfil de dirigente nacional, es cierto que Lousteau selló un acuerdo hace dos años con Rodríguez Larreta para competir por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. Pero el espíritu de coalición que alimenta a Juntos por el Cambio hará que también esa fórmula porteña se dirima por internas. Allí asoman como posibles rivales el regreso exitoso de Vidal y la alternativa, que varios mencionan, de un eventual debut en la política electoral del dirigente con la imagen positiva más alta construida en pandemia: la del ministro de Salud porteño, Fernán Quirós.

Estos dos años fuera del poder, le permitieron a Juntos por el Cambio que crecieran todas estas alternativas para volver a la Casa Rosada. Claro que todos ellos saben, de Rodríguez Larreta y Bullrich a todos los radicales con aspiraciones, que Macri no ha enterrado sus intenciones de ser reivindicado. Ya no se trata de su libro “Primer Tiempo”, ni de las apariciones futboleras relacionada con ese envidiable cargo itinerante con el que lo premiaron en la FIFA.

La torpe citación judicial que le hizo un juez cercano al kirchnerismo para que declare por supuesto espionaje a los familiares de las víctimas del submarino ARA San Juan, lo convenció al ex presidente de que debía usar esa oportunidad para extraerle rédito político. Como lo había hecho Cristina Kirchner cinco años atrás, Macri vistió su concurrencia al juzgado de Dolores de un ropaje de revancha y hasta dijo unas palabras en un acto montado de apuro en una plaza cercana.

Más cerca de las elecciones, Macri levantó su perfil, concedió varias entrevistas en los medios y participó de algunas recorridas de campaña junto a Rodríguez Larreta y a Vidal. El domingo por la noche, fue uno de los dirigentes que celebró el resultado en el escenario montado por Juntos por el Cambio en Costa Salguero. Afortunadamente, las secuelas de sufrimiento y muerte que el Covid le provocó a la Argentina fueron un disuasivo suficiente para que no se repitieran los festejos efusivos y los pasos de baile de épocas pasadas.

Lo que ha quedado en claro para la coalición es que Macri, con su imagen negativa alta y muy cerca de la que tienen Cristina y el Presidente, reclama un papel en Juntos por el Cambio. El tiempo y las circunstancias del país de las sorpresas dirán si ese rol es protagónico o de acompañamiento. “No quiero que nadie me jubile antes de tiempo”, les ha dicho Macri a algunos de los dirigentes que pretenden convertirse pronto en sus herederos políticos.

El desafío para la coalición opositora pasará ahora por transitar los dos años que restan hasta el 2023 sin quedar atrapado por las necesidades del Gobierno de los Fernández, pero siempre evitando aparecer ante la sociedad como un sector político que especula con la ineficacia castigada electoralmente y la carencia de recursos que exhibe el oficialismo.

Los protagonistas del PRO, de la UCR y de la Coalición Cívica observan el futuro con optimismo político y con el temor que les produce una crisis que no encuentra el piso en su derrumbe. Todos ellos han hablado por años del Pacto de la Moncloa, del modelo parlamentario español y de la coalición a la chilena que les permitió a los socialistas y a la democracia cristina salir de la dictadura de Pinochet. Pero ya se sabe cómo se ensaña la Argentina con los experimentos políticos que han funcionado en otros rincones del planeta.

Lo que tienen por delante son dos años de un país especializado en hacer temblar el piso en el que intentan sostenerse todos sus dirigentes. La democracia restaurada lleva casi cuatro décadas y un listado de cuestiones insolubles que llevaron a radicales, peronistas y emergentes del PRO hacia el territorio tenebroso del fracaso. Tienen el tiempo suficiente para aprender a administras mejor sus egos. Para diseñar planes, armar gabinetes fantasmas e intentar ubicarse a la altura de varias generaciones que solo han visto crecer la inflación, la pobreza y el deterioro imparable de sus existencias.

FUENTE: Diario CLARIN

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