lunes 8 DE agosto DE 2022

Rodríguez Larreta: “No alcanza un acuerdo con el FMI; tiene que haber un plan de crecimiento y es lo que no vemos”

Horacio Rodríguez Larreta es un abanderado de la moderación. Algo así como el padre de las “palomas” en Juntos por el Cambio (una caracterización de connotaciones zoológicas que afirma no compartir aunque lo sobrevuelen los “halcones” de manera amenazante). Pero así como parece exagerar su mirada benévola sobre las diferencias que hay entre los dirigentes de la coalición opositora (las reconoce y asegura que son positivas), también se muestra más decidido que nunca a extremar sus críticas al Gobierno.

En una tórrida tarde de enero, en el entrepiso de una pizzería fashion de la avenida del Libertador y Tagle, en Recoleta, el jefe de Gobierno -que llega con puntualidad para la entrevista con Infobae- se perfilará en casi una hora de diálogo como una versión recargada de sí mismo. No hubo forma de que reconociera que será candidato a Presidente en 2023 ni que está dispuesto a competir con quien sea para lograr ese objetivo que mantiene desde que era chico. Tampoco de que su plataforma electoral es la propia gestión en la Ciudad. Mucho menos, que lo preocupan las tensiones internas en JxC. Rodríguez Larreta no esquiva ninguna pregunta y es una garantía de respuestas sin estridencias, lo que no significa que algunas no sean claras y contundentes.

Es lo que sucede, sobre todo, cuando habla sobre el gobierno nacional. Ejemplo 1: “Siento que no tenemos un plan, no sé cuál es el plan para que la Argentina crezca y genere trabajo. No está, me parece. Ese es el problema que tenemos. No hay un rumbo claro, idas y venidas, contradicciones entre ellos”. Ejemplo 2: “Podemos opinar con la carta de intención (del acuerdo con el FMI) arriba de la mesa. Pero no alcanza, no es sólo un acuerdo con el Fondo, tiene que estar enmarcado en un plan de crecimiento, de generar trabajo”.

En la charla con Infobae, el alcalde porteño también brindó su mirada sobre la interna opositora, la carrera hacia 2023, la competencia con Mauricio Macri y Patricia Bullrich, el papel de Gerardo Morales, el espionaje que sufrió durante el gobierno de Cambiemos, la reelección indefinida, Javier Milei, el balance de las últimas elecciones y su fórmula para superar la grieta, entre otros temas.

— Los gobernadores de Juntos por el Cambio y los jefes de bloque se reunirán con el ministro Martín Guzmán para hablar sobre las negociaciones con el FMI. Ustedes han pedido una serie de precisiones sobre las tratativas del Gobierno. ¿Qué puede pasar si no reciben esas precisiones que pidieron?

— Espero que estén las explicaciones necesarias. Sobre todo, insisto mucho en que el acuerdo con el Fondo tiene que ser parte de un plan. No es un tema aislado. En sí mismo no va a solucionar los problemas de la Argentina. La Argentina necesita un plan para volver a crecer, para generar inversiones, para exportar más, y todo eso deriva en lo más importante de todo que es generar trabajo. Dentro de ese plan hay un capítulo, posiblemente no el más importante, que es el acuerdo con el Fondo. Perdón, no digo que no sea importante el tema, lo importante es el plan económico. Cómo crecemos. Cómo tenemos un desarrollo mucho más federal, distribuido en todo el país.

— ¿Y eso está definido?

— No lo sabemos. No lo vemos. No lo hemos visto hasta ahora. El acuerdo con el Fondo se tiene que enmarcar en eso.

— Por las manifestaciones de Guzmán o de Alberto Fernández, ¿le parece que hay algún tipo de plan a la vista?

— No se desprende un plan. Hoy no lo vemos.

— ¿Cuál es el acuerdo básico que hay que cerrar con el Fondo?

— Un acuerdo de renegociación de una deuda. Pero vas a poder comprometerte a una capacidad de pago en la medida en que crezcas como país. No se puede desprender una cosa de la otra. No se puede mirar en forma aislada el acuerdo con el Fondo. Tiene que estar en el marco de un país que tiene que crecer, que tenga un plan para eso. Es lo que el Gobierno no ha mostrado hasta ahora.

— Si el Congreso no aprueba la eventual carta de intención con el Fondo se cae el acuerdo…

— No, pero es muy hipotético, todavía no hemos visto nada, todavía no sabemos si hay una carta de intención.

— Está bien, pero dentro de esa hipótesis puede ser que el Gobierno no tenga los votos para aprobar en el Congreso. En ese caso, ¿qué haría Juntos por el Cambio?

— Hay que ver qué es lo que presenta. Estamos hablando de un acuerdo que no hemos visto. Por lo que escucho por ahí, creo que ni siquiera está escrito todavía. No hay un acuerdo, una carta de intención que nos van a presentar el martes. Pero, insisto, no tengo los detalles. Podemos opinar con la carta de intención arriba de la mesa. Pero insisto, no alcanza, no es sólo un acuerdo con el Fondo, tiene que estar enmarcado en un plan de crecimiento, en un plan de generar trabajo.

— Hay indicios de que es cada vez más difícil la posibilidad de un acuerdo con el Fondo. ¿Qué escenario imagina si no se llega a un acuerdo?

— Yo soy optimista. Es cierto que hay indicios de que no es fácil. Justamente, lo que se le reclama al Gobierno es lo que planteo: si no se sabe cuál es el plan es difícil hablar de un acuerdo que supone una capacidad de pago a lo largo del tiempo.

— ¿Hay decisiones vinculadas con un ajuste de las cuentas públicas que el Gobierno no está dispuesto a hacer? ¿Eso es lo que traba todo?

— De nuevo, son todas hipótesis. Esperemos el martes tener algunas respuestas a esta pregunta que usted me hace.

— ¿En Juntos por el Cambio las posturas son monolíticas sobre esto? Porque hay ciertas fisuras sobre cómo y qué negociar con el Fondo.

— Por definición, no existen las posturas monolíticas en un espacio mayoritario como el nuestro. Y está bien que así sea. La diversidad, la heterogeneidad, la diferencia de ideas son un valor. Ahora, en todos hay una actitud de colaboración, como corresponde. O sea, todos vamos a colaborar para las cosas que son buenas para la Argentina, para salir adelante. De hecho, creo que fue en dos oportunidades se votaron dos leyes que el Gobierno pidió en su momento. Una al principio de la gestión, febrero o marzo de 2020, justamente para poder iniciar las negociaciones. Las aprobaron nuestros legisladores. Con lo cual ya mostramos vocación de colaboración en su momento. Todavía estamos hablando en el aire: no sabemos de qué se trata el acuerdo, la carta de intención ni nada.

— ¿Es tranquilizador para usted que alguien de posiciones más duras como Patricia Bullrich haya dicho que puede acompañar un acuerdo con el FMI si es razonable?

— No me sorprende. Yo lo he hablado con ella. La mayoría de nuestros dirigentes están para colaborar. Después, puede haber visiones diferentes.

— ¿Cuál es la visión que tiene Mauricio Macri?

— Tiene la misma preocupación que yo acerca de que no hay un plan económico en el que se enmarque el acuerdo con el Fondo. Ese es el problema.

— Si ustedes confirman que no hay un plan económico, ¿qué harán?

—De nuevo, es una hipótesis. Todavía no sabemos con qué nos vamos a encontrar.

— El clima interno en Juntos por el Cambio después de las elecciones parece peor que el que había antes de las elecciones. ¿Por qué?

— No, es una sensación. Somos un espacio heterogéneo donde hay diferentes miradas en algunos temas, lo cual es muy bueno. Es el mismo espacio que, por primera vez en la historia con el peronismo en el gobierno, ahora kirchnerismo, mantuvo la unidad. Nunca había pasado. Nunca pasó desde la vuelta de la democracia que la oposición mantuviera la unidad. Eso es un valor enorme. Mantuvimos la unidad. Gracias a esa unidad ganamos la elección. Gracias a esa unidad frenamos iniciativas como la reforma judicial, la reforma de la ley del procurador, proyectos que hubieran sido muy malos para la Argentina. Eso lo logramos con la unidad y, además, con vocación de ampliar. Sumamos a Ricardo López Murphy y a gente que viene de afuera de la política como Carolina Losada o Facundo Manes. En varias provincias hicimos acuerdos con gente que viene de perfiles más peronistas como (Claudio) Poggi en San Luis o (Marcelo) Orrego en San Juan. Consolidar la unidad y ampliar son los valores que tenemos que seguir profundizando.

— Quedó instalada la sensación de que algunos resultados electorales no fueron los que ustedes esperaban. En la Ciudad de Buenos Aires no se llegó al 50% de los votos, que era aparentemente la cifra mágica que hubiera causado la alegría y la tranquilidad suficientes, y en la provincia de Buenos Aires fue un triunfo por un margen muy estrecho.

— Como dijo usted, son cifras mágicas. No sé de dónde salen esas cifras. Si usted mira la historia de las elecciones, en la Ciudad se ganaba con 35, 33 o 37 puntos. María Eugenia sacó 47. Bueno, “Lilita” (por Elisa Carrió) sacó 50 en la anterior. Es una elección altísima de María Eugenia. Y en la provincia de Buenos Aires, unos meses antes nadie soñaba que podíamos ganar, y ganamos con Diego Santilli en otra elección espectacular, que hizo una PASO muy responsable con Manes. Esa PASO los potenció a los dos y así ganamos.

— Pero Patricia Bullrich dijo: “Teníamos una expectativa mayor en la Ciudad de Buenos Aires”.

— Hicimos una elección muy buena en todo el país, en la Capital y en la Provincia. Una gran elección.

— Después de la reestructuración interna, la nueva Mesa Nacional de Juntos por el Cambio es prácticamente igual a la anterior. Tiene algunos miembros menos, pero su composición y su cantidad es casi la misma.

— Sí, es parecida.

— ¿Por qué no hubo cambios más profundos? Algunos dirigentes esperaban que hubiera una recomposición más profunda de la conducción nacional, con la incorporación de referentes del interior que ganaron en sus provincias como Luis Juez, Rogelio Frigerio o Carolina Losada, entre otros.

— Hay una Mesa Nacional y después hay una Mesa Federal donde van a participar los dirigentes. Está previsto eso, está bueno que así sea, que le dé una visión más federal. Me parece súper importante. Parte del desafío de la Argentina es volver a ser un país federal, no tan unitario como somos ahora.

— Pero no incorporados a la estructura principal de Juntos por el Cambio…

— Son distintos ámbitos. Están los gobernadores representados, los jefes de los bloques, los presidentes de los partidos. Hay una representación institucional ahí. Y justamente para darle riqueza federal es que se armó la Mesa Federal.

— ¿Han recibido quejas por esta recomposición que no cambió tanto?

— Esta Mesa fue la que lideró la unidad de Juntos por el Cambio. Esta mesa fue la que lideró el armado electoral con el que ganamos la elección. Lo que funciona bien no lo cambies, dice el dicho. Eso no quiere decir que no haya matices y justamente para darle una visión federal es que se crea una Mesa Federal que me parece importantísima, sumando a Rogelio (Frigerio), Luis Juez, Carolina Losada, Nacho Torres. A lo largo de todo el país ganamos en muchos lados.

— ¿Conversó con Gerardo Morales la semana pasada la posibilidad de reducir los integrantes de la conducción nacional?

— Sí, es un ejercicio de diálogo que, sobre todo con muchos que son del interior, a veces se tiene que hacer por Zoom, algo incluso más difícil, pero hasta ahora viene funcionando bien. Insisto: con esta forma de funcionar sostuvimos la unidad por primera vez en la historia desde la vuelta de la democracia y con esta forma de funcionar ganamos la elección. Lo que no quiere decir que no se pueda mejorar. Por eso es tan importante la incorporación del interior a la Mesa Federal.

— Pero complica discutir todo entre veinte miembros. Lo mismo pasa con los diez sub-bloques que tienen ahora en el Congreso.

— Sí. A veces se tratan muchos temas legislativos, con lo cual están los jefes de bloques del Senado y de Diputados, de los interbloques. Pero son como roles diferentes. En esta conformación nos viene yendo muy bien hasta ahora.

— ¿Qué problemas trae esta experiencia de Juntos por el Cambio que es bastante inédita en la política argentina, una construcción política horizontal, a diferencia del tradicional verticalismo?

— Requiere de un ejercicio de diálogo y de consensos seguramente más trabajoso. Que lleva más tiempo, pero creo que es más sólido. Los resultados fueron muy buenos. Con esta conformación, ganamos la elección y mantuvimos la unidad.

— ¿Cuál es su rol en esta estructura? Lo que trasciende es que usted se va a dedicar a la gestión en la Ciudad y por ahora no va lanzarse decididamente a la candidatura presidencial.

— No, lanzarme seguro que no. Yo soy uno más en la Mesa. Obviamente la representatividad de gobernar la Ciudad de Buenos Aires tiene su peso, por supuesto, y trabajo mucho para la unidad. Yo soy uno, como muchos de la Mesa, que trabaja todos los días por la unidad. Todos los días.

— Muchos no significa todos.

— Bueno, la mayoría. Todos coinciden en el valor de la unidad, no tenga dudas. Hay alguno que le dedica más tiempo en la Mesa, otros tienen un rol en otro lugar.

— La elección de Gerardo Morales como presidente de la UCR cambió la dinámica interna de Juntos por el Cambio. Lo vimos la semana pasada con los vaivenes por la reunión con Guzmán, donde el gobernador de Jujuy se mostró como el más conciliador de todos con el Gobierno. ¿Le sacó un peso de encima que el más dialoguista de la oposición ahora no sea usted sino él?

— No, es cierto que él tomó un poco la organización de esta reunión, la coordinó y en ese sentido tenía que haber una sola voz. Y la armó bien. Ahora, el martes que viene nos reunimos los gobernadores y los jefes de los bloques con el ministro. Lo hizo bien Gerardo. Yo hablé muchas veces con él la semana pasada y se lo dije.

— ¿Morales ya es una de las “palomas”?

— Yo creo que eso es una simplificación.

— ¿Pero dentro de las “palomas” es el que tiene más peso hoy en JxC?

— Bueno, Gerardo es el presidente del radicalismo. Tiene una responsabilidad institucional. Es muy buen gobernador de Jujuy, hizo un cambio realmente muy bueno.

— Morales lo criticó a usted en duros términos cuando se lanzó la candidatura de Facundo Manes, pero hoy se los ve cerca. ¿Cómo fue esa reconciliación?

— No hubo reconciliación porque nunca hubo pelea. Puede haber diferencias en un espacio que aspira a ser mayoritario, nunca van a pensar todos igual, siempre va a haber alguna diferencia, algún contrapunto puede surgir. Me parece sano.

— El debate por la reelección indefinida dejó diferencias profundas en la oposición. Algunos mantuvieron el rechazo y otros aceptaron una fórmula que habilitaba un período más, en una suerte de flexibilización de los límites éticos. ¿Esto marca algún tipo de ruptura moral dentro de Juntos por el Cambio?

— No, de ninguna manera marca un quiebre ni nada por el estilo. Es un tema más como otros en los cuales puede haber habido diferencias. Se discutió internamente, se respetó la posición de cada uno. Yo dije claramente que no estoy de acuerdo con las reelecciones indefinidas, pero es un tema como otros en los cuales puede haber habido diferencias. Lejos que esto sea un punto de quiebre ni nada por el estilo.

— ¿Pero qué piensa de quienes aceptaron esta fórmula legal que les da la posibilidad de ser reelegidos?

— Hubo posiciones diferentes en Juntos por el Cambio. Algunas más públicas que otras. Es un tema que se llevó en el ámbito de la Legislatura de la provincia y quienes terminaron votando de un lado y del otro son los legisladores provinciales.

— El intendente Martín Yeza, de Pinamar, dijo que el tema “pone un signo de pregunta sobre nuestra identidad, tenemos que discutir cuál es nuestro norte”. ¿Qué opina sobre este comentario de Yeza, que, además, fue uno de los pocos que renunció a una nueva reelección?

— La posición de Yeza es válida y respetable. Es un muy buen intendente de Pinamar. Lo respeto mucho.

— ¿Cualquiera que tenga una postura mucho más definida en contra de la reelección indefinida complica sus chances en 2023 si se pone en contra a los intendentes que quieren seguir en el poder en la Provincia?

— No, es un tema en el cual hemos tenido posiciones diferentes y eso no complica las chances de nadie.

— ¿Cree que hubo un seguimiento sobre usted de los servicios de inteligencia durante el gobierno de Macri?

— No. Seguramente me lo pregunta porque en su momento me citó el juez (Federico) Villena para mostrarme unas fotos que tenía, todas en lugares públicos: en una estaba tomando un café con Graciela Ocaña, en otra estaba caminando con la presidenta de la comuna de Mataderos y había una con el presidente de la comuna de Liniers. En lugares públicos, en reuniones de vecinos, como lo hice todas las semanas de mi vida. Todas fotos públicas. Obviamente alguien las sacó, alguien juntó esas fotos y estarían en algún expediente, no sé.

— ¿No fue ordenado por Macri?

— No, no.

— ¿Y a qué responde? ¿Cuál es tu teoría?

— No lo sé, no tengo idea. Me parece que lo tiene que investigar la Justicia.

— ¿Pero nunca pensó en la posibilidad de que el propio Macri o alguien de su entorno pudiera estar espiándolo?

— Ninguna posibilidad.

— ¿Qué piensa sobre el caso de una supuesta “mesa judicial” en la provincia de Buenos Aires, que está agitando el oficialismo y que involucra también a María Eugenia Vidal por el video de la reunión de Marcelo Villegas?

— María Eugenia no tiene nada que ver. Lo aclaró con todas las letras: no es que hubo una causa, la causa por la cual estuvo preso el “Pata” Medina no tiene nada que ver con lo que se discutía en esa reunión con lo cual María Eugenia sí, tuvo la valentía de combatir a las mafias en la provincia. Al “Pata” Medina, a (Marcelo) Balcedo. Fue muy valiente.

— ¿Es parte de una campaña del kirchnerismo?

— No lo sé. Prefiero estar lejos de todos estos temas de los servicios de inteligencia Creo que hay que hacer una reestructuración muy profunda. Es un problema que han tenido todos los gobiernos de la vuelta de la democracia. Entonces hay que hacer una reestructuración muy profunda, empezar de vuelta y enfocarlos en la necesidad que es el tema del terrorismo internacional y el narcotráfico. Esos son los temas. En eso deberían estar enfocados, no en andar espiando políticos.

— Pero es lo que proponen todos los políticos, pero cuando llegan al gobierno mantienen y utilizan de esa estructura.

— Bueno, por eso creo que hay que hacer un cambio mucho más de raíz.

— ¿Eliminar la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), por ejemplo?

— No lo tengo estudiado como para dárselo como una definición, pero no lo descartaría. Eventualmente, sí.

— ¿Qué pasa si Macri se presenta en las PASO en 2023. ¿Competiría con él?

— Falta mucho para las elecciones. Falta mucho para las candidaturas. No creo que ni haya que plantear todavía… Imagínese, yo tengo acá el problema del aumento de los casos de COVID, estamos testeando 50.000 personas por día en la Ciudad de Buenos Aires, es muchísimo, que tiene un laburo de logística, aplicar 35.000 vacunas por día.

— Usted es un hombre organizado, con lo cual ya debe tener una idea en la cabeza sobre el tema. Para 2023 no falta tanto.

— Falta. No hay ninguna necesidad ni apuro para andar definiendo o lanzando candidaturas.

— ¿No piensa en ningún escenario de competencia interna?

— No, no. Tampoco nadie se ha lanzado como candidato. Todo lo que hay son especulaciones.

— Patricia Bullrich sí se lanzó.

— Pero no públicamente. No hizo un lanzamiento de candidatura. Lo habrá dicho en forma más explícita que otro, pero yo no me engancho en eso, no hay candidaturas.

— Entonces, no respondería si vuelvo a preguntarle si competiría con Macri.

— No, porque, de nuevo…

— O con Bullrich…

— No es momento de hablar de candidaturas. No es momento. No está bueno.

— ¿Ni con María Eugenia Vidal tampoco?

— Lo que sí es seguro es que el candidato a presidente de Juntos por el Cambio va a surgir de unas PASO. El mecanismo fue probado, funcionó bien en 17 provincias. Nos manejamos con mucho respeto. Así que así va a ser en el 2023 para el cargo de presidente y para todos los cargos.

— ¿Qué puede pasar en el PRO, donde no está reglamentada una elección interna como en otros partidos? Si usted decide presentarse para la Presidencia quizá tenga que competir o con Macri y con Bullrich.

— Competencia no sólo puede haber sino que es sano que haya.

— ¿Pero no está planteado dentro del PRO la idea de tener internas para dirimir un solo candidato y llegar unidos a las PASO?

— ¿Las PASO de las PASO, de alguna manera?

— Claro, porque puede ser un riesgo para el propio PRO llegar a las PASO con dos candidatos propios contra un candidato único del radicalismo. Puede ser que dividan fuerzas y se expongan a una derrota ante la UCR.

— No, no está previsto.

— ¿No preocupa la posibilidad de una derrota del PRO en las PASO si no definen un solo candidato presidencial?

— No, no está ni planteado. Son especulaciones electorales muy, muy prematuras.

— La decisión de centrarse en la gestión como una forma también de mostrar a la sociedad lo que haría en caso de llegar a la Presidencia, ¿no es un lanzamiento presidencial de una forma indirecta?

— Es que soy responsable de la gestión. Todos los días le dedico horas larguísimas a la gestión. Ahora muy enfocado en todo el cuidado de la gente por el COVID. Requiere un laburo enorme. Estoy súper comprometido. Pero no es que yo decido mostrar eso, es mi trabajo de todos los días.

— ¿Lo desgastaría mucho lanzarse tan anticipadamente?

— Ni planteo el tema de las candidaturas. No es un tema de desgaste sino que tengo muchísimo laburo.

— Pero usted desde chico quería ser presidente de la Nación…

— Hoy estoy enfocado 100% en la gestión de la Ciudad. Y, por supuesto, en colaborar en la conducción de Juntos por el Cambio para garantizar la unidad, la diversidad.

— ¿La construcción muy amplia que imagina para 2023 para hacer las reformas que hacen falta en el país no conspira contra los cambios profundos? Si hay que conformar y captar a sectores tan disímiles quizá haya que ceder y no acelerar a fondo. Pienso, por ejemplo, en la reforma laboral. Para hacerla, debería romper con el sindicalismo tradicional. Pero si no lo hace, quizá no pueda avanzar en cambios para generar más fuentes de trabajo.

— Yo no estoy tan seguro.

— ¿No cree que si usted no va al choque con el sindicalismo no podrá cambiar la legislación laboral?

— Yo no generalizaría. En principio, no creo que haya que ir al choque. Primero hay que buscar acuerdos. Creo que hay sindicalistas que se dan cuenta del cambio que se está produciendo en las costumbres en el mundo. Y ese cambio fenomenal en la forma de relacionarnos, de comunicarnos, de informarnos, de viajar, de vivir, de todo, se traduce también en cambios de modalidades de trabajo. Ese cambio tiene que adaptar los regímenes laborales, modernizarlos. Si no, con industrias enteras que crecen y con industrias que hace 10 años no existían, ¿qué modernidad laboral tienen? Hay algunas industrias que terminarán siendo obsoletas. Hay un cambio tecnológico tan fenomenal que hay que adecuar los marcos laborales. Es difícil estar en desacuerdo.

— ¿Usted es partidario de cambiar las leyes laborales o de hacer modificaciones solamente mediante los convenios colectivos?

— Depende. Hay de todo.

— ¿Le preocupa el ascenso de Javier Milei?

— Es un candidato más, una expresión más en la Ciudad de Buenos Aires. Tradicionalmente en la Ciudad hubo siempre hubo terceros partidos y más o menos con estos niveles de voto. No es algo nuevo. Hoy es él, en otro momento fue otro, pero siempre hubo terceros partidos en estos niveles.

— ¿Milei se llevó el voto duro de Juntos por el Cambio en la Ciudad?

— No sé, porque si se hubiera llevado el voto duro María Eugenia no hubiera sacado 47 puntos. Imposible. ¿Puede haber llevado algún voto? Posiblemente. Pero no fue el mayoritario sino no hubiéramos sacado el 47%. Una elección que le ganamos por 20 puntos al segundo.

— ¿Representa a un sector del electorado que puede crecer? Para algunos se trata de alguien que capta el voto antisistema.

— No creo en los antisistema. Somos expresiones diferentes. Dentro de ese mismo espacio, aunque no sé si están juntos, le recuerdo que con (José Luis) Espert fuimos juntos en 2019, estuvo en el acuerdo con nosotros de Capital. Lo respeto mucho.

— ¿Qué significa no creer en los “antisistema”? ¿No cree que haya dirigentes que representen el malestar contra el sistema político?

— Sí, veo difícil que en Argentina sean mayoritarias las expresiones antisistema.

— ¿Son circunstanciales?

— Sí, a lo largo del tiempo aparecen. Yo lo tomo con mucho respeto, escucho sus ideas, pero la Argentina necesita una propuesta que nos devuelva la esperanza. No todo es la crítica y el cuestionamiento ni propuestas que se construyen desde el “anti”. Por una vez tenemos que construir algo a favor. A favor de un país diferente. A favor del trabajo. A favor de un desarrollo más equilibrado. A favor de la educación. Una propuesta optimista. Yo soy optimista con Argentina, creo que tenemos una oportunidad enorme. Que obviamente hasta ahora ha sido muy difícil y estamos pasando una situación durísima con casi 50% de pobreza.

— ¿Qué opina sobre la decisión de Milei de sortear su dieta?

— Nada, es un tema de él.

— ¿No le genera ruido?

— No, no me genera nada.

— ¿Cómo definiría este momento del gobierno nacional?

— Lo veo con mucha preocupación. Siento que no tenemos un plan, no sé cuál es el plan para que la Argentina crezca y genere trabajo. No está, me parece. Ese es el problema que tenemos. No hay un rumbo claro, idas y venidas, contradicciones entre ellos. Para promover la inversión, la generación de empleo, tiene que haber un plan muy claro y mostrar mucha convicción en mantenerlo.

— ¿Sigue existiendo una tensión entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner o es un momento en el que el Presidente parece haberse apropiado de alguna forma de la conducción del gobierno?

— La verdad que no sé cuál es la relación entre ellos. Leo cosas, hay especulaciones. No lo sé. Lo que sí sé es que no hay un rumbo claro. Si es producto de eso o es producto de alguna otra cosa, no lo sé.

— ¿No tiene relación hoy con Alberto Fernández?

— En general, no. No es que tengo vínculo, pero sí lo que tenemos es coordinación con el gobierno nacional. Fernán Quirós, en todos estos días de aumento de casos, habla con la ministra de Salud con mucha frecuencia.

— ¿Perdieron ese contacto que tenían al comienzo de la pandemia?

— Sí, ese contacto más cotidiano, sí, pero eso no quita que no haya coordinación en los temas que tienen que haber. Mi responsabilidad es coordinar acciones con el gobierno nacional donde tiene que haberlas, independientemente de mi opinión sobre las decisiones políticas del gobierno, sobre el rumbo. Hay mucho trabajo de gestión de todos los días en la seguridad, en la salud ni hablar, en muchos temas de la Ciudad. Eso requiere un diálogo operativo constante.

— ¿Qué siente luego de haber pasado de amigo, como lo calificó Alberto Fernández, a enemigo del Gobierno, como lo enfoca hoy el propio oficialismo?

— Creo que no es ni una ni otra. Mis amigos son los del colegio. Esta noche voy a ir a comer con dos amigos que los conozco desde que tengo 8 años. Y tampoco me considero enemigo. Porque tengamos posiciones diferentes no tiene por qué ser enemigo. Justamente esa es una de las cosas que tenemos que romper en la Argentina, esto de amigo-enemigo.

— Es al revés: el Gobierno lo visualiza a usted y lo quiere posicionar como enemigo. ¿Es un peso? ¿Qué representa?

— No, es una responsabilidad de parte de Juntos por el Cambio habiendo ganado la elección. Yo no me engancho en esa cosa de amigo-enemigo. No creo en eso.

— ¿Lo favorece a usted porque el Gobierno lo ve como un contendiente importante?

— Yo escucho que muchos lo dicen eso. No especulo con eso. No creo que la valoración de la gente pase por eso. En mi caso pasa mucho más por el trabajo que hago todos los días en la Ciudad.

— Aunque es futurología, algo siempre en crisis en la Argentina, es probable que si todo sigue así Juntos por el Cambio pueda volver al gobierno en 2023…

— Creo que hay una muy buena perspectiva para eso. Podemos recuperar la esperanza de la gente.

— Pero tal como está la situación socioeconómica, ¿piensa que el Frente de Todos les va a dejar un terreno minado, con bombas por todos lados?

— No sé si un terreno minado, pero que va a haber problemas, que va a ser difícil situación en el 2023, sí.

— Hay un tema que forma parte de ese terreno minado y que hoy estamos sufriendo de nuevo, que es el área energética. Frente a este problema tan recurrente de los cortes de energía, ¿hay alternativa entre los tarifazos del gobierno de Macri y la política energética del kirchnerismo? ¿Estamos presos los argentinos de ir en forma pendular de un extremo al otro?

— La alternativa es tener un plan que sostengamos en el tiempo. Y eso requiere un consenso más amplio. Dentro de ese plan, la política energética claramente requiere de una visión de largo plazo. Quizá hoy tomás decisiones y esos resultados los vas a ver dentro de 5 años. Es un buen ejemplo: si hay un tema que requiere estabilidad en el tiempo para poder sacar el máximo potencial, es la política energética. Nosotros lo que necesitamos es eso, un plan consensuado.

— ¿Cuál es el principal problema del país en este momento?

— Casi el 50% de pobreza. Muchísima gente a la que le cuesta mucho, no llega a fin de mes, que la está peleando mucho y es difícil. Eso se recupera creciendo y generando trabajo.

— ¿Usted ve que exista un plan de crecimiento?

— No. No lo veo. No lo hay. Hasta ahora no lo vimos.

— No es lo que dice el Gobierno, que sostiene que tiene un plan y que hay signos de recuperación. ¿Hay una reactivación económica?

— Veo que hay rebote de las caídas como producto del COVID. Hasta que no tengamos un plan sostenido en el tiempo, no vamos a crecer.

— Carlos “Chapa” Retegui es el nuevo secretario de Deportes de la Ciudad. Más allá de su trayectoria deportiva, fue concejal del kirchnerismo y tiene vínculos concretos con Aníbal Fernández. ¿Fue una señal de usted para 2023? ¿Un símbolo de que no quiere más grieta?

— Es un lujo que se haya sumado al gobierno un símbolo del deporte argentino, exitosísimo como entrenador, un líder. Hablé con él y está muy entusiasmado.

— ¿Es un puente tendido hacia otros sectores de la sociedad?

— Bueno, él es un tipo de diálogo. Muy entusiasta, tiene esas ganas de hacer cosas, de cambiar. Ya trajo ideas. La verdad que es fantástico.

— Pero es kirchnerista y estuvo vinculado con Aníbal Fernández. ¿Eso no se evaluó antes de su designación? Hay muchas críticas internas…

— Que haya participado… tampoco tiene una identificación política y no es que ahora se va a afiliar al PRO ni nada por el estilo. Para mí es alguien que puede hacer un gran aporte al deporte en la Ciudad.

— ¿Marca un poco lo que usted quiere mostrar hacia el futuro?

— Marca buscar a quien yo creo que en este momento es…

— ¿Apunta a romper la grieta también?

— Usted sabe que estoy totalmente en contra de la grieta.

— ¿Pero es una señal su designación?

— Es alguien muy bueno para la conducción del deporte en la Ciudad. Lo primero es poner en la responsabilidad a la gente que yo creo que es la mejor para cada lugar, pensando en la gestión. Es un tipo al que lo conoce el mundo entero, estuvo en seis u ocho Olimpíadas. Estaba maravillado con las Olimpíadas de la Ciudad también. Podemos hacer muchas cosas con él. Está súper entusiasmado.

— ¿Cómo se supera la grieta, considerando que las elecciones fueron una especie de consagración de la grieta?

— ¿Por qué una consagración?

— Porque estuvo muy marcado el voto contra el kirchnerismo y ganó el sector más duro del electorado en casi todo el país. ¿O no?

— No estoy de acuerdo con eso. En la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires, en los distritos donde tengo más injerencia, los dos candidatos que ganaron no fueron representantes del extremo. Vidal en la Ciudad y Santilli en la provincia. Incluso Facundo Manes, que estuvo en el mismo espacio. Ninguno de ellos es representantes de posiciones duras y de la grieta. Al revés.

— Pero Vidal tuvo que endurecer su discurso.

— Una cosa es que tenga posiciones diferentes al Gobierno. Eso es una cosa diferente, pero de ahí a que haga de la grieta su mensaje jamás. Al revés, es alguien mucho más del consenso que de la grieta, sin dudas. Coincide con eso, trabajamos juntos hace 20 años.

— ¿En sectores amplios de la sociedad no hay una demanda de más dureza, de más intransigencia?

— Una cosa es firmeza respecto de cosas que el Gobierno hace mal, que son muchas. Y eso sí, yo he sido muy firme respecto de ir en contra de la reforma judicial, fui muy firme cuando sacaron los presos de las cárceles, fui muy firme cuando fue la expropiación de Vicentín, contra la Ley del Procurador. Cuando quisieron cerrar las escuelas, fui durísimo. Lo mismo cuando me sacaron la coparticipación. Con la misma firmeza y con la misma convicción es que defiendo el consenso. Una cosa no quita a la otra.

— No me queda claro cómo cree que se puede superar la grieta.

— Dando un gobierno de coalición que represente… nunca será el 100%, nunca habrá una posición unánime, de todos pensando igual, pero sí logrando un acuerdo. Yo usé en algún momento la cifra figurativa del 70% de la representatividad. Bueno, ahí tenés un proyecto de país. Nunca es el 100%, nunca es todos. Con un acuerdo más amplio, creo que se terminaría de romper la grieta. Y a partir de eso trabajando por el país, no en contra de. No construyendo en contra del otro.

— ¿Cómo se concilia esta construcción amplia que usted tiene en mente con algunos dirigentes de Juntos por el Cambio como Bullrich, por ejemplo, que buscan acuerdos con alguien de posturas extremas como Milei?

— Un proyecto que aspire a ser mayoritario, que aspire a cambiar el país, tiene que ser heterogéneo, no podemos estar pensando exactamente igual en todo. Yo a Patricia la respeto mucho, es una persona muy laburadora, súper honesta, hizo un gran laburo en la lucha contra el narcotráfico, trabajó bien con nosotros coordinada con la Policía de la Ciudad. El desafío es conciliar posiciones en algunos temas que podemos coincidir y en otros no. Ese es el desafío: tener que conciliar. Si pensáramos todos igual sería muy monótono, sería una sola visión del país, y creo que la heterogeneidad y la diversidad son un valor enorme.

— A partir de ese armado tan heterogéneo, ¿cómo se llega a un programa de gobierno homogéneo? Tener tantos matices puede ser enriquecedor, pero para gobernar hay que que tener un proyecto sin tanto abanico ideológico.

— No, pero doy el ejemplo de la Ciudad. Yo estoy orgulloso de la enorme transformación que estamos haciendo en la Ciudad y que venimos haciendo hace años, y tenemos un acuerdo muy amplio. En la elección de 2019 estuvo desde Espert hasta el socialismo. El radicalismo incluso con distintas vertientes. La Coalición Cívica. Confianza Pública, que es el partido que lidera Graciela Ocaña. Gente que viene del peronismo. Esa heterogeneidad da como resultado la transformación que está llevando adelante Buenos Aires. Esa misma actitud de diversidad es la que tenemos que tener a nivel nacional. Obviamente al final hay una construcción, al final del día en la Ciudad hay un jefe de Gobierno, pero me enriquezco de las opiniones de uno, del otro, de proyectos que presenta uno u otro. En la Legislatura de la Ciudad se discute todo como corresponde, y eso es muy bueno.

— ¿Y de qué forma surge el programa de gobierno?

— Falta mucho. El programa de gobierno, además, va a depender mucho de la situación de arranque. De cómo esté el país el 10 de diciembre del 2023. No es una cosa que se construye en el vacío. Es lo que hay que hacer en Argentina el 10 de diciembre del 2023. Yo por lo menos desafío a que alguien sepa qué va a pasar en Argentina, cómo va a estar el país en ese momento. No lo sabemos.

— Hay posiciones medulares que seguramente ya estarán definidas, pero ¿tanta diversidad no puede conspirar contra un programa de gobierno homogéneo?

— No, aunque lleva más tiempo. Requiere diálogo y consensos. Obviamente que el consenso es más trabajoso que las decisiones unívocas y autoritarias. Yo no tengo dudas de que el camino es consenso. ¿Es más difícil? Sí. ¿Lleva más tiempo? Seguro que sí. Pero no tengo ninguna duda de que es el camino.

— ¿El resto de Juntos por el Cambio piensa lo mismo que usted?

— La mayoría, sí. Siento que sí. Algunos con matices. Algunos con más énfasis, otros con menos. Yo estoy convencido de que ese es el camino.

— ¿Se podría decir que es un momento en el que las “palomas” y los “halcones” están empezando a acomodarse en el mismo nido?

— No hay tal división, no hay tales definiciones.

— Bueno, matices hay.

— Matices, sí los hay, pero no para definirlos así.

— ¿Le molesta la definición zoológica?

— No creo en eso.

FUENTE: Diario INFOBAE

Más noticias

Radio Urbana Neuquén en vivo / 104.7

Share via
Copy link
Powered by Social Snap